Hay soledades y soledades… las hay buenas y las hay malas… Las hay que dan vida por dentro y las hay que matan.
Toma tantas formas y es tan misteriosa la soledad… Porque además es caprichosa: a algunos acompaña siempre, a otros rara vez… a algunos de noche a otros durante el día y la noche… algunos gustan estar con ella, otros la repudian y la temen… Algunos la viven de forma aguda, otros de forma difusa: “siento una especie de soledad…” dicen.
Esta además la soledad del que vive rodeado de mucha gente y la soledad del religioso que vive “una soledad acompañada” y la goza. Esta la soledad de la viuda y la soledad del que ha quedado solo y sin amigos por ser veraz y sincero… La soledad no elegida de la esposa en el matrimonio y la soledad habitada del célibe… esta la soledad del peregrino y la soledad del moribundo…
Esta la soledad física y la soledad afectiva. ¡Cuántos rostros tiene esta soledad! Hay que aprender a manejarse con ella… hay que conocerla y gustarla… Conviene hacerla amiga porque de lo contrario la soledad puede hacer daño… ella es tenaz y no atiende a razones.