Cuidar y cuidarse. La vida es un regalo… pero cargado también de sorpresas… no siempre agradables. La vida nos sorprende también con sus reveses… con sus revueltas difíciles cuando uno es joven…y también mayor… con esa traición del amigo… con esos quiebros y requiebros de la salud… con esa inmensa soledad que nos deja el amigo y más el familiar que se va… o la persona que hemos amado… cuando nos resulta insoportable el prolongado silencio de Dios.
La vida envuelta en sus muchas cortezas y envoltorios, guarda también sus sorpresas … agradables algunas… otras no tanto. Por eso la vida exige cuidarse y cuidar. Cuidarse de jugar a vivir porque aquí no hay ensayo general… no exasperarla, no abusar de ella… no descuidarla… no provocarla. Cuidar el cuerpo en sus gritos y el alma en su sed de sentido… cuidar el trabajo y el ocio… cuidar la relación y cuidar la soledad… cuidar el hoy y cuidar el mañana… y todo eso con el respeto debido… con delicadeza porque es frágil… sin miedo pero con sabiduría. Los santos en general son una acción de acompañamiento… de dejarse acompañar.
El secreto de la vida de los santos no es que eran equilibrados y sabios… “fuera de serie” y que supieron acertar en la vida. Su secreto está en su sed de Dios, en la lucha cuerpo a cuerpo, con el Señor como Jacob. Vivir es dejarse acompañar por Dios y por los hombres que son regalo de Dios… y hacer así la marcha de la vida siempre acompañados y con hermanos.