¿Cómo manejarnos cuando sentimos que la fragilidad, las limitaciones nos siguen de cerca y llaman a nuestra puerta?
Que hacer cuando percibimos que están ya dentro de la casa… han entrado sin que le hayamos dado permiso… y no nos queda otro remedio que convivir con ellas. Responder a esta pregunta me parece lo más importante porque en gran medida aprender a vivir es aprender a convivir con las limitaciones pero de forma que no nos hagan daño.
Ante las limitaciones se pueden tomar muchas actitudes aunque no toda tengan el mismo valor.
Voy a citar algunas que me parecen importantes. “Ser conscientes de ellas y nombrarlas”. Lo peor es autoengañarse.. eso pasa cuando no quiero reconocer nuestras limitaciones y nos engañamos negandolas. Ser consciente y nombrarlas no quiere decir que hay que pregonarlas. “Evitarlas y superarlas si se puede” Hay limitaciones en la vida que no tienen remedio… pero las hay que si tienen. Tratar de superarlas buscando las debidas soluciones… “No protestar” convertir la protesta en súplica. “Procurar no dañar al projimo” Nosotros mismos somos los primeros en sufrir nuestras limitaciones, pero no los demás. Nuestras limitaciones a menudo son fuente de conflicto para aquellos con quienes convivimos. “Saber que Dios siempre cuida de nosotros”. Aunque no siempre lo hace como nosotros deseamos. Quiza tengamos que aprender que “la adversidad” puede ser el camino que Dios traza para nosotros. Admiro a los cristianos que ven a Jesús en los que tienen hambre y sed… que ven a Jesús cuando acogen a un extraño… cuando visten a alguien desnudo…
Pero lo que no comprendo es que nunca ves a Jesús en vuestra propia pobreza. Queréis hacer siempre el bien al pobre que está en el exterior… pero negáis al pobre que está en vuestro interior. ¿Por que no ves a Jesús en vuestra propia pobreza… en vuestra sed… en vuestra hambre?
Verdaderamente si… miramos las necesidades del otro… y dejamos de un lado nuestros deseos… nuestra felicidad