¡Ojalá pusiéramos en ser buenos tanto interés como en parecerlo!
Como el oro es raro, hemos inventado el oropel. Del mismo modo, para desplazar la bondad que nos falta, hemos inventado la urbanidad , que tiene todas sus apariencias. Le preguntaron a un filósofo dé 88 años qué era lo más útil en la vida y contestó sin pensar mucho: LA BONDAD. Y es que ser bueno es una aventura mucho más grande que dar la vuelta al mundo en un barco de vela. La belleza fascina, el ingenio atrae, pero sólo la bondad retiene.