Con este domingo de Adviento comienza un nuevo año litúrgico… Aparentemente todo sigue igual… nada cambia la misma rutina de siempre, la misma monotonía de todos los días, y sin embargo con la aparición de un nuevo año litúrgico son muchas las incógnitas y muchas las preguntas que nos podemos hacer.
¿Qué nos depara este año litúrgico? ¿Qué sorpresas buenas o malas nos tendrá reserva das? ¿Cuál será nuestra correspondencia a las llamadas e invitaciones divinas?. Dejando a un lado las respuestas que cada uno puede dar a estas interrogantes debemos indicar: el tiempo de Adviento es un tiempo de prepara- ción para la parusía del Señor o de su segun da venida a la tierra al final de los tiempos.
Adviento significa además las muy diversas maneras que Jesús tiene que venir a nosotros… de salirnos al paso y hacerse el en- contradizo… Una actitud vigilante debe saber descubrirlo en cada uno de estos encuentros para allanarle el camino. Nuestra preparación para el encuentro con Cristo no debe reducirse a la labor de un día…ni de meses. Incluso años. Tiene que ser tarea de todos los días y de todos los instantes de nuestra existencia. La perfección no se adquiere una vez por todas. Tenemos que ir per feccionándonos día a día, minuto a minuto.
Todos los días tenemos que estar con los o jos abiertos oteando el futuro. En todo momento tenemos que estar en actitud vigilante para no desviarnos del buen camino… No se trata de pemanecer en tensión constante ni de vivir en una ansiedad desesperante. Tenemos que escuchar una vez más la llamada del evangelio a “despertarnos” y abrir los ojos para ver hasta que punto la paz que buscamos cada uno es de alguna manera parcial y esta teñida por diversos intereses y no todos justos y nobles.