La conversión cristiana es un proceso que el creyente tiene que recorrer. Me refiero a la conversión radical: el cambio de orientación fundamental del hombre. Ante la narración de Zaqueo creo conveniente que examinemos en que estado de conversión nos encontramos cada uno de nosotros. Esta Palabra de hoy puede ser un resorte para que despertemos y seguir adelante en este camino de la conversión en el que nos encontramos detenidos. El primer paso de la conversión cristiana es el interés por Jesús. Este interés puede surgir desde mil perspectivas distintas. Lo que interesa es esclarecer qué me importa a mí de Jesús. A que perspectiva mía responde… Hacia dónde me llama… Si estamos en este nivel tenemos que ir superando los obstáculos que nos impiden descubrir a Jesús en profundidad. Solo así podemos llegar al encuentro con él.
Las dificultades pueden ser interiores y del medio en que nos encontramos… “trataba de distinguir quien era Jesús, pero la gente se lo impedía“... El segundo paso de la conversión es el encuentro con Jesús y la experiencia de sentirse captado y seducido por él… Jesús penetra el corazón... nos mira en profundidad… nos interpela y escandaliza… Desestabiliza nuestro orden… Prende su fuego dentro y nos impide reposar por la inquietud y la energía que genera en la vida. Convertirse es dejarse arrebatar por él… enamorarse de él. Y el tercer paso, el último y fundamental de la conversión es el cambio de vida. La transformación de nuestro interior y como garantía de todo ello, nuestras acciones cara a los demás. Zaqueo toma conciencia de que su nivel de vida es injusto… Toma una decisión que lo salva como ser humano: compartir sus bienes con aquellos pobres a cuya costa esta viviendo.