Hoy más que nunca urge comprender bien y situarse en un aprendizaje de lo eclesial. Nos urge aprender a vivir en Iglesia y nadie se libra de este aprendizaje. Urge para quienes no sin dolor sienten una lejanía hacia lo eclesial. Digamos mejor y con respeto, quienes sienten lejanía con los “pastores” que nos dirigen. Se parecen a aquellas disputas antiguas entre los herejes que quisieron hacer su propio camino al margen y contra la Iglesia oficial.
Urge también aprender a vivir en Iglesia para quienes también con dolor se aferran a toda costa y en todo a la comunión jerárquica con una visión quizás excesivamente angelical y sin propiciar el contraste fraterno necesario para toda comunidad de Jesús, como sin querer ver en esta ningun lastre ni pecado. Dicen:” aqui no pasa nada“. Y mantienen y apoyan unos medios quiza no del todo evangélicos ni fraternos. Ciertamente no es crítica lo que más necesita nuestra Iglesia de hoy sino apoyo y lucidez… discernimiento y diálogo. Unos y otros, los que sienten la tentación de arrojar la toalla y se alejan cada vez más de la comunión… y los que se mantienen dentro, pero demasiado inmóviles, acriticamente ... todos necesitamos de revisión y de confrontación, de integración y de conversión. Un autor dijo de S. Francisco que “fue una espina cariñosa en la carne de la Iglesia“. Esa es quizá la síntesis buena: ser espina en la Iglesia que recuerda, empuja y anima a más Evangelio, desde la coherencia personal… pero espina “cariñosa” sin dañar ni romper la comunión... Esta es la forma de ser y hacer Iglesia…