José y María tienen un hijo. Se ha constituido una “familia”. Entremos con respeto en la Santa casa de Nazaret. Es medio gruta, medio casa. No vemos el confort que hace la ilusión de tantos.. pero es rica en aquello que tantos buscan afanosamente: el Amor y la mutua comprensión. No se oyen voces ásperas ni se ven caras avinagradas…ni gestos desabridos, ni actitudes de rebeldía. Es una familia unida, modelo de familias… María faena en las cosas propias de una sencilla mujer de pueblo. Adosado a la casita vemos el cobertizo-taller de José. Aquí la sierra y el martillo marcan el ritmo de un trabajo duro necesario para el sustento de la familia. Jesús niño y adolescente después sirve a Maria y ayuda a José. La familia de Nazaret es pobre pero feliz. Esto no quiere decir que no tuvieron dificultades. Bajo la amenaza de muerte dictada por un déspota tuvieron que huir de noche buscando refugio en país extranjero. Jesús inaugura su adolescencia -doce años- con un episodio de “ruptura” con la familia. También en nuestra familias se dan semejantes “rupturas”. Llega a cierta edad en que se produce el despegue de los hijos. La familia no puede ser un clan cerrado. Es ley de vida. Pero en esta separacion hay un lazo que debe permanecer siempre: el Amor.
Como pueden ver… una familia común y corriente. Mamá…papá… hijo… hijo que marca sus límites y padre preocupados por dónde y con quién anda… hagamos un propósito e imitemos su estilo de familia… hagamos lo posible…